El prelado del Opus Dei en Valencia y Murcia

Del 8 al 12 de junio, Mons. Fernando Ocáriz ha participado en encuentros con diferentes grupos de personas -familias, jóvenes, miembros del Opus Dei y amigos-, en Valencia y en Murcia.

Murcia, 11 de junio

Si Murcia en primavera brilla de forma especial, la visita del Prelado ayer domingo añadió muchos más colores y matices. Por todo el Casón de la Vega -lugar de las tertulias y encuentros- fluye esa alegría que traen las buenas reuniones familiares.

Una sala abarrotada y un cerrado aplauso acoge al Prelado para la primera tertulia. Inma y Javier dan la bienvenida a don Fernando de parte de todos los presentes. Tras sus palabras, suena en boca de Rafa, el Bolero a Murcia, una canción que habla de la huerta, de Murcia y de la Virgen de la Fuensanta. Si la tierra murciana parece un Edén -como canta esta letra- más que nunca hoy es una fiesta.


Álbum de fotos (Flickr)


Juan Carlos, de Cartagena, cuenta que, en su familia, suelen utilizar mucho la expresión “¡Qué bien estamos!”, como una manera de dar gracias a Dios y una expresión de abandono. Pero hace dos años han vivido la enfermedad de su mujer -un cáncer- y de su hijo Javier, de 7 años -una leucemia-. Cuando le contaron al niño por lo que tenía que pasar decidió ofrecerlo todo por los sacerdotes; y ahora, recuperado, da un emotivo abrazo al Prelado con gran cariño.

Pilar y Carlos son supernumerarios, de Elche, y trabajan como médicos de prisiones. Le preguntaron a don Fernando cómo pueden a través de su profesión, redescubrir y querer más a esas personas en situaciones tan difíciles. El Prelado les animó a verles no solo como personas con dignidad, sino como criaturas de Dios, a quien Dios quiere y fomentar con ellos -en la medida de lo posible- una cierta amistad: "Ver a esas personas como alguien a las que el Señor quiere y los está queriendo también a través de tu cariño. En la medida en que sea oportuno hazles comprender también a ellos que no están solos, que Dios los quiere. Adelante, es un trabajo duro pero profundamente humano y profundamente cristiano, también".

A continuación, Manolo pregunta cómo tener el mismo entusiasmo que tenía san Josemaría para poner en marcha proyectos que humanamente nos superan. Don Fernando recordó las palabras que el fundador del Opus Dei repetía en muchas ocasiones: “Hijos míos, si yo cuando el Señor me hizo ver la Obra en el año 28, con la edad que tenía, sin medios, si yo hubiera dicho no puedo, dónde estaríais vosotros”. El Prelado animó a los presentes a afrontar las dificultades y pedir ayuda a otros, porque ser generosos proporciona una gran felicidad, aunque a veces pueda costar esfuerzo.

Al finalizar, tras la bendición, se despidió animando a todos los presentes a estar “contentos pase lo que pase porque Dios está con nosotros”.

Por la tarde, a las cinco y media vuelve a llenarse el lugar. Pablo y Lola, transmiten al Prelado el cariño en nombre de todos y le dan la bienvenida. Le cuentan que a todos los presentes les gustaría recibirle en sus casas como reciben los murcianos a un padre: con las puertas de casa bien abiertas, una buena mesa y sin que falten los paparajotes, un dulce típico de la zona.

Pepe se ha dedicado durante muchos años a la canción como profesional. Le cuenta al Prelado que actualmente lo hace de forma altruista, en una residencia de mayores en Cartagena y en la UCI del hospital de Santa Lucia. Ahora es la voz de Pepe la que arranca a cantar un paso doble: “Tres veces guapa”, que quiere dedicar a la Virgen y anima a todos a corear el estribillo.

El cariño de todos se ha desbordado en regalos: Vicky y su marido que trabajan en el gremio de la cuchillería, le han traído una navaja realizada por ellos mismos; ya que en Albacete regalar una navaja es manifestación de amistad y cariño. También desde Albacete, Miguel, que tiene un taller de coches, ha hecho un divertido truco de magia ante todos los presentes. Dos socias de la Asociación Juvenil Albedaya le han entregado un carnet de socio de honor. Y un grupo de padres le ha invitado a formar parte de su equipo de futbol entregándole la camiseta del club.

Carmen le pidió consejo para que el cansancio no nos lleve al mal humor y, dejándonos llevar, tratemos mal a quienes más queremos. El Prelado, además de intentar descansar lo suficiente y poner medios humanos, animó a acudir a la ayuda del Señor. “Cuando estemos preocupados, cansados, esforzarnos por sonreír para hacer la vida agradable a otra persona, a veces puede costar mucho esfuerzo. Pero es un esfuerzo que lo podemos hacer por cariño a esa persona y también para ofrecer al Señor ese esfuerzo como sacrificio”.

Con ocasión de la pregunta de Asun, don Fernando Ocáriz animó a pensar en esa escena del evangelio en la que Jesucristo se encuentra con la samaritana. “El Señor le responde de un modo que nos viene muy bien a todos. Le dice, si conocieses el don de Dios y quién es el que te pide de beber... Todo lo que Dios nos pide, aunque aparentemente parece un sacrificio, aunque humanamente suponga un esfuerzo, una renuncia, en realidad es un grandísimo don de Dios”. Y comentó que la vocación que sea, si la pide Dios, es un gran don para la persona y también para la familia.

Especialmente emotivas fueron las últimas palabras de este encuentro familiar: “Me da mucha alegría estar en Murcia aunque haya sido tan poquito tiempo, y es tan poquito tiempo que si la vida me da de sí, intentaré volver”.

Regresó a Valencia después de una jornada intensa. Ya en La Lloma le esperaba una sorpresa que finalmente no pudo realizarse por la lluvia: los valencianos querían agradecer al Prelado su estancia, rememorando los fuegos artificiales que se dispararon en la Catequesis que realizó san Josemaría en 1972 en esta ciudad. No fue posible que desde la terraza de La Lloma don Fernando viera estampadas en el cielo las palabras ¡Viva el Padre! en un despliegue de colorido y olor a pólvora. Pero esta lluvia inesperada ha sido símbolo de esa lluvia de gracia, paz y alegría que la estancia del Prelado ha dejado en Valencia y Murcia.


Valencia, 8-10 de junio

El 8 de junio, Valencia recibió con los brazos abiertos a Mons. Ocáriz, que por primera vez visitaba esta ciudad como prelado del Opus Dei.

Llegó a última hora de la tarde y se alojó en La Lloma, casa de retiros situada a pocos kilómetros de la ciudad. San Josemaría estuvo allí en distintas ocasiones. Quedan recuerdos imborrables de la catequesis de 1972, las tertulias y sus palabras de aliento para todos.

En los días en los que el Prelado ha estado en Valencia, ha recibido detalles de cariño enviados desde todos los lugares que componen la delegación del Opus Dei de Aragón y Levante. Desde Huesca hasta Cartagena, pasando por Zaragoza, Teruel, Valencia, Castellón, Alicante, Baleares, Albacete y Murcia. Y ha podido saludar, en tertulias familiares o pequeños encuentros, a distintos grupos de familias, de gente joven y de personas mayores, de sacerdotes, etc.

El viernes 9 comenzaba una jornada intensa, que se prolongará hasta el lunes 12. El Prelado del Opus Dei ha querido que la primera visita de su estancia en Valencia haya sido para saludar al recién nombrado arzobispo metropolitano, monseñor Enrique Benavent.

Inmediatamente después, al igual que hizo san Josemaría la primera vez que viajó a Valencia en 1936, ha acudido a rezar a la Virgen de los Desamparados, patrona de Valencia, para poner bajo su amparo la labor que va a llevar a cabo en estos días. Le ha acompañado el rector de la basílica, que ha organizado la visita de modo que Mons. Ocáriz pudiera besar la imagen y venerarla en su camarín. Rezó ante la “Mare de Déu”, especialmente visitada durante estos días en que se celebraba el centenario de su Coronación y el fin de un año jubilar mariano.

Tuvo varios encuentros con jóvenes que acuden a recibir formación cristiana a los centros de la Obra. En todos ellos habló de la necesidad de transformar en vida todo lo que aprenden, para poder transmitirlo a los demás. A las diferentes preguntas que le hicieron, contestó insistiendo en la necesidad de tener un encuentro personal con Cristo, de hacer oración personal: “Solo desde la seguridad de la fe podemos ayudar a los demás y afrontar también nuestras propias dificultades. La oración es una fuerza grandísima. San Josemaría, llegó a decir con pleno convencimiento que en la Obra la única arma que tenemos es la oración”, dijo.

También, en un rato de descanso después de la cena, conversó con profesionales del ámbito universitario que le contaron anécdotas de sus trabajos en un entorno ameno y distendido.

El sábado fue un gran día: entre otras reuniones, el Prelado tuvo dos encuentros con familias venidas de Aragón, Castellón, Valencia y Baleares.

Como en otras ocasiones, el Prelado pidió oraciones por el Papa Francisco, por su recuperación y por todas las preocupaciones de la Iglesia. Presentó la proximidad de la celebración del Corpus Christi como una ocasión para pensar en la entrega de Dios por nosotros:

“Me da mucha alegría estar aquí con vosotros y con vosotras. Y lo primero que me viene a la mente es que mañana es la gran fiesta de Corpus Christi. Y lógicamente, como nos ha enseñado san Josemaría, la Eucaristía es, tiene que ser, el centro, la raíz de nuestra vida espiritual, de nuestra vida, por tanto. Raíz lo es necesariamente porque es de donde sale toda la fuerza de Dios para nosotros, lo que hace posible que nuestra oración sea eficaz. Es un misterio de amor, como le gustaba decir a san Josemaría; de fe y de amor, porque es de amor de Dios por nosotros. Y es un misterio de fe para nosotros, porque tenemos que tener mucha fe. Creer firmemente en este gran modo de amor de Dios, que es la Eucaristía. Es raíz, pero tiene que ser también centro. Y eso ya depende más de nosotros, de que realmente hagamos el esfuerzo de centrar mucho nuestra vida espiritual alrededor de la Eucaristía, alrededor de la fuerza que tiene el sacrificio de Cristo”.

Los asistentes acogieron al Prelado con gran cariño, y a pesar de la cantidad de personas reunidas, le confiaron sus preocupaciones en un ambiente familiar. Se trataron temas como el apostolado a pesar de las dificultades del ambiente, el dolor ante el sufrimiento del fallecimiento de un hijo, el deseo de vivir bien la vocación a la que cada uno ha sido llamado, la intensidad de un trabajo que nos dificulta cumplir con nuestras obligaciones familiares, la implicación de los padres en la educación de los hijos… En muchas de estas intervenciones, Don Fernando aprovechó la oportunidad para recordar la necesidad de confiar en Dios, que nos quiere tanto, de ver el sufrimiento mirando la cruz de Cristo, de aceptar con total libertad esa entrega máxima.

A Elena y Nacho, una joven pareja que se casará en breve y que siente cierto temor ante ese cambio de vida, les recordó las palabras de san Josemaría: “El que tiene miedo no sabe querer”, animándoles a vencer el temor con más amor.

Estrella, que trabaja en un juzgado de violencia contra la mujer, le ha transmitido el dolor y el sufrimiento que ve a diario y le ha preguntado cómo acompañar a cada persona que sufre. El Prelado le ha contestado que “Dios no es indiferente al mal y por tanto, ante el mal que vemos en el mundo debemos rezar por las personas, no acostumbrarnos”. También le ha animado a ayudarlas, aparte de en lo estrictamente profesional, en la medida en que su posición lo permita.

Un tema que ha estado presente en muchas de las tertulias con el Prelado ha sido la amistad: “La amistad tiene un valor en sí mismo y cuando es un valor auténtico, ya es apostolado”, ha dicho en una de sus intervenciones.

Los cooperadores de la Obra se sintieron especialmente interpelados después de la pregunta de Jorge, que desde hace 30 años colabora en los apostolados de la Obra. Don Fernando les recordó la necesidad de ese apoyo y la alegría que supone ese sacrificio.

Amparo preguntó cómo podemos aprender a perdonar. El Prelado contestó haciendo referencia a unas palabras de san Josemaría que decía que lo más divino de nuestra vida es perdonar a los que nos han hecho daño. Y continuó diciendo: “¿Cómo podemos perdonar cuando nos sentimos ofendidos o heridos por alguien? Queriendo. Y ¿cómo podemos querer a las personas? Desde el corazón de Jesucristo, viendo a los demás como alguien por los que Cristo ha dado su vida. Y luego también pedir perdón. Pedir perdón es estupendo, y además da alegría. No humilla, al revés, da alegría”.

Entre un evento y otro, el Prelado pudo saludar a algunas familias; escuchar y compartir sus alegrías y sus penas. El domingo acudirá a Murcia a estar con sus hijos e hijas de esa ciudad y también de Albacete, Alicante, Elche y Cartagena.