La Cruz de Motupe

La devoción a la Cruz de Chalpón, en Motupe, está firmemente arraigada en todo el norte del Perú. Cada año, en el mes de agosto, su fiesta congrega a miles de fieles, que emprenden con espíritu de penitencia las catorce estaciones del Via Crucis, a lo largo de la dura y empinada cuesta del cerro Chalpón, hasta el santuario donde se da culto a la venerada cruz.

Es frecuente colocar en los brazos de la cruz elaborados mantos procesionales, que son proporcionados por las familias devotas de Motupe. Este es el caso de la señora Josefina Sánchez Castañeda, profesora de un colegio en Motupe. Como auténtica motupana su devoción a la Cruz es innegable, pero guarda también especial cariño a San Josemaría Escrivá, sobre todo desde que obtuvo un favor por su intercesión.

Hacia finales de 1996 la señora Josefina Sánchez tenía grandes dificultades para tener un hijo más en su familia. Al contarle dicha dificultad a una amiga, ésta le dio una estampa del entonces Beato Josemaría, animándola a acudir a su intercesión. Doña Josefina le rezó y Dios le concedió ese favor. Ahora su hijo Kevin tiene 6 años.

Por ser devota de la Cruz pensó que una manera de agradecer el favor era mandar hacer un manto para la procesión de la Cruz en la ciudad, con la imagen del Beato Josemaría. Era su forma de manifestar esta doble devoción. Al no tener muchos recursos económicos, fue ahorrando poco a poco hasta que el 2002, año de la canonización de Josemaría Escrivá, pudo hacerlo.

Empinada subida al cerro de Chalpón

El origen de la devoción a la Cruz de Motupe se remonta al siglo XIX, cuando un religioso franciscano, de nombre Juan Agustín de Abad, plantó tres grandes cruces en los cerros Chalpón, Penacho y Rajado, entre Motupe y Olmos. A su muerte, los fieles de la zona, conmovidos por la vida penitente de este sacerdote, intentaron ubicar estas cruces. La única que se conservó y pudo ser rescatada para el culto fue la de Chalpón. Año a año la devoción fue creciendo y hoy es un punto de referencia obligado en el mapa religioso peruano. Motupe se encuentra 90 kilómetros al norte de la ciudad de Chiclayo.

La cruz fue colocada por el padre Abad en una gruta, en una áspera ladera del cerro Chalpón. El camino es rocoso y seco y el sol intenso durante gran parte del año. No es sencillo el acceso al lugar. Para facilitar el camino a los fieles, en el tramo final se levantaron unas empinadas escaleras y en la gruta se construyó un voladizo, donde se puede decir Misa.

Descenso de la Cruz

La Cruz permanece habitualmente en ese lugar y sólo pocos días al año se lleva en solemne procesión a la Iglesia de Motupe. Las bandas de música, los castillos de fuegos artificiales, los arcos de flores y una multitud que rodea la cruz son la atmósfera que envuelve el acontecimiento. Todo en derredor está lleno de milagros o exvotos, pues son muchas las gracias recibidas por los fervientes devotos.

La cruz, de más de dos metros de largo, es de fabricación rústica, con troncos delgados de madera de guayacán. No tiene Crucifijo.

Vienen con facilidad a la memoria aquellas palabras de San Josemaría, escritas en Camino:

Cuando veas una pobre Cruz de palo, sola, despreciable y sin valor... y sin Crucifijo, no olvides que esa Cruz es tu Cruz: la de cada día, la escondida, sin brillo y sin consuelo..., que está esperando el Crucifijo que le falta: y ese Crucifijo has de ser tú.