Entrevista al postulador de la causa de Isidoro Zorzano

Mons. José Luis Gutiérrez Gómez, postulador de la causa de Isidoro Zorzano, responde a cinco preguntas que se le plantearon con ocasión de la promulgación del decreto sobre la heroicidad de las virtudes de Isidoro.

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Opus Dei - Entrevista al postulador de la causa de Isidoro Zorzano

1. ¿Quién fue Isidoro Zorzano?

Isidoro Zorzano fue un ingeniero que vivió ejemplarmente la diligencia en el trabajo, la lealtad y el espíritu de servicio con sus colaboradores, el amor a la justicia en la promoción de iniciativas en favor de los más necesitados, la fe y la caridad en su conducta cristiana. Los que le conocieron recuerdan su ánimo sereno en cualquier circunstancia, su ecuanimidad, su optimismo y su talante muy reflexivo. Transmitía paz y tranquilidad: un testigo cuenta que en los años de universidad sus compañeros «solían acudir a él como pacificador y componedor en las discusiones que solían tener».

Nació el 13 de septiembre de 1902 en Buenos Aires (Argentina), de padres españoles. En 1905 la familia se trasladó a España, donde Isidoro obtuvo el título de Ingeniero Industrial. Trabajó en la Compañía de Ferrocarriles, primero en Málaga y después en Madrid. Fue, además, profesor de la Escuela Industrial de Málaga. En 1930 se encontró en Madrid con san Josemaría Escrivá, antiguo compañero de bachillerato, y, tras una larga conversación con él, pidió formar parte del Opus Dei, que había sido fundado en 1928. Encontró en ese camino de la Iglesia la posibilidad de realizar su deseo de entregarse a Dios en medio del mundo.

Con su fidelidad, fue siempre un apoyo para el fundador del Opus Dei, en los años difíciles de la Guerra Civil española (1936-1939) y en el desarrollo de las obras apostólicas a comienzos de los años cuarenta. En enero de 1943 le diagnosticaron una linfogranulomatosis maligna. Fue una enfermedad muy dolorosa, que había empezado meses atrás y que sobrellevó con fortaleza y abandono en la voluntad de Dios. Falleció con fama de santidad el 15 de julio de ese mismo año, a la edad de cuarenta años. Uno de sus colegas en las oficinas de los ferrocarriles en Madrid recuerda: «Era frecuente entre nosotros cuando hablábamos de unos y otros jefes el decir: “Don Isidoro es un santo”». Otra persona que trabajó con él declaró: «Hemos sentido extraordinariamente su pérdida, porque al quedarnos sin él, es corriente entre nosotros el decir que fue para nosotros como el quedarnos sin padre».

2. El papa Francisco ha aprobado que se publique un decreto sobre las virtudes que Isidoro vivió en grado heroico, ¿podría hablarnos de algunas de ellas?

En Isidoro destacaría su perseverancia en lo ordinario, que implica lealtad: cumplió hasta el último día de su vida los compromisos que había asumido. Podría parecer que se trata de algo fácil, quizá por una concepción equivocada de lo que significa heroísmo: esta palabra no es sinónimo de hechos extraordinarios o hazañas sorprendentes, imposibles de realizar para una persona normal. Heroísmo es practicar las virtudes con constancia y durante un periodo de tiempo suficientemente largo, ahí donde uno está, en lo de todos los días, en el cumplimiento de sus obligaciones como trabajador, ciudadano, amigo, miembro de una familia, etc. Esto es lo que hizo Isidoro.

Le encantaba su profesión y sabía que Dios le llamaba a buscar la santidad en su trabajo. Por amor a Dios, por ejemplo, era el primero en llegar por la mañana a la oficina, llevaba con buen humor y visión sobrenatural los disgustos e injusticias ocasionados por algunos de sus jefes, buscaba hacer todo con competencia profesional, se esforzaba por ser amable en el trato con los demás, era conocido su sentido de justicia y su cercanía con los obreros que trabajaban bajo su dirección que sabían, además, que «con don Isidoro no cabían chapuzas», porque se cercioraba personalmente que los trabajos se habían hecho a conciencia. Isidoro dio además clases en la Escuela Industrial de Málaga y sus alumnos recuerdan que era siempre paciente y que podían dirigirse a él para pedir cualquier explicación incluso yendo a su casa. Entre los estudiantes «se repetía con frecuencia lo de que era un santo».

Compaginaba su trabajo con una intensa vida de oración, tenía un gran amor a la Eucaristía, madrugaba todos los días para asistir a Misa y comulgar, colaboraba con obras asistenciales e intentaba acercar a sus amigos y colegas a Dios.

3. ¿Cómo puede ayudar Isidoro a un trabajador de nuestro tiempo?

Por los ejemplos que acabo de poner, Isidoro puede ser propuesto como modelo para muchos trabajadores de nuestra época, lo mismo para un ingeniero o un obrero que para una madre de familia que carga sonriente con el pluriempleo habitual en nuestros días. El beato Álvaro del Portillo conoció muy bien a Isidoro y de él dejo escrito que había aprendido a «santificar el trabajo de cada día, ordenado y perseverante. Hacer con perfección, con Amor, las cosas pequeñas de cada momento. Isidoro trabajaba constantemente. No creo que nadie pueda decir que le ha visto perder el tiempo. Y esto no es poco. Pero mucho más es saber enlazar ese espíritu laborioso con una humildad nada común. Isidoro nunca estorbaba: [...] trabajaba silenciosa, humildemente, consciente de que ni el bien hace ruido ni el ruido hace bien».

Creo que Isidoro también nos da ejemplo de coherencia cristiana: no se preocupaba por lo que pensaran o dijeran otras personas, aunque esto acarreara problemas o dificultades. Una de sus hermanas cuenta que tuvo un jefe que se opuso a un ascenso laboral para Isidoro planteando la siguiente objeción: «¡Qué clase de ingeniero es ese que va a Misa todos los días!».

4. ¿Hay actualmente personas con devoción a Isidoro? ¿Cómo lo conocieron?

Isidoro murió hace setenta y tres años. Viven pocas personas que le hayan conocido personalmente. Sin embargo, incluso antes de su muerte, quienes le trataron difundieron la persuasión de la santidad de Isidoro. Así fue creciendo su fama de santidad, que se ha ido extendiendo rápidamente entre personas de muchos países de todas las edades y condiciones sociales. Por ejemplo: un religioso que le conoció muy bien, fray José López Ortiz, al ser nombrado obispo pidió un trozo del anillo que llevaba Isidoro para fundirlo como reliquia en su propio anillo episcopal.

Muchas personas acuden a la intercesión de Isidoro para obtener de Dios gracias y favores y, en alguna ocasión, verdaderos milagros. A la postulación han llegado más de 5.000 relaciones firmadas de favores atribuidos a su intercesión. Son de lo más variado, y se refieren a las mil incidencias que se presentan en la vida ordinaria de cualquier persona. No faltan, desde luego, ingenieros y personas de otras profesiones afines que se dirigen a Isidoro como colega, para pedirle ayuda en la solución de problemas de su especialidad. Muchos también acuden a él como a «su ingeniero», cada vez que se encuentran ante una dificultad técnica, como es, por ejemplo, hacer funcionar un ordenador que se resiste a ponerse en marcha. Pero Isidoro no se limita a interceder en el ámbito de la técnica: está dispuesto a ayudar en todo lo que haga falta.

Además, en los últimos diez años se han impreso unos 390.000 ejemplares de la estampa para la devoción privada —no solo en los idiomas occidentales, sino también en otros como el árabe, cebuano, chino, japonés y tagalo— y se han editado unas unos 300.000 ejemplares de la hoja informativa.

Con todo esto quiero decir que hay muchas personas que consideran que Isidoro está en el cielo y lo dan a conocer a su alrededor como modelo y mediador para conseguir ayuda de Dios.

5. Para que la Iglesia pueda declarar beata a una persona, es necesario comprobar que mediante su intercesión se ha conseguido un milagro, ¿se atribuye algún favor milagroso a Isidoro?

La postulación tiene noticia de varios posibles milagros atribuidos a la intercesión de Isidoro. Un ejemplo es el de la curación de un joven sacerdote que, tras una serie de ataques de tos, acompañados de expectoración sanguinolenta, fue ingresado de urgencia en el hospital, donde le diagnosticaron un posible cáncer y le indicaron que debía operarse para determinar la naturaleza del tumor y, si era posible, proceder a su resección. El sacerdote se encomendó a la intercesión de Isidoro, pidiéndole la curación. También varias personas comenzaron a rezar por su salud, recurriendo a la mediación Isidoro. Durante la operación, tras explorar el pulmón derecho y examinar el mediastino, el cirujano no encontró ninguna lesión o alteración: no había rastro de la masa nodular. El sacerdote estaba completamente curado.

Invito a las personas que tienen devoción a Isidoro y a quienes lo conocen ahora, gracias a la noticia de este nuevo paso hacia su beatificación, a pedir favores y milagros a través de su intercesión.